Érase una vez la gaceta.
En el periodismo libre no sólo se pone en riesgo la integridad física, sino también la monetaria. Hacer periodismo libre es una tarea ingrata que absorbe todo el tiempo y el dinero. No hay de otra: sin chayote hay que chingarle.
Pero tiene su lado bueno. Por ejemplo, uno de los inolvidables momentos ocurrió justamente cuando quisimos entrevistar a las amilcingas aquí en Cuernavaca. Entre los polis que 'cortésmente' nos pidieron no tomar fotografías y entre ser virtualmente 'secuestrados' durante dos horas por las normalistas, fue un día bastante fructífero en lo que a labor periodística se refiere.
Siempre tenemos la mejor tribuna: la de los jóvenes.
Periodismo libre también incluye tener que subirse a las rutas para vender la gaceta nuestra de cada día. Incluye tener que ir a las universidades, secundarias, etc., para promocionar un esfuerzo. Un año duró la aventura... ¡bonne vieux temps!
A continuación, una serie de artículos que rescaté de aquellos días.
Inició en aquellos aciagos días de abril de 2002 como una publicación inter-universitaria, por convocatoria de Armando, alias 'el hombre' (en la foto, extrema izquierda). Siempre nos referíamos a la gaceta como 'El Proyecto' (con mayúsculas). El concepto era bastante novedoso en ese tiempo. De vez en cuando nos la dábamos de tribuna social y de vez en cuando nos convertíamos en elitistas estéticos. Sin embargo la premisa siempre fue que el que quisiera podría escribir para la gaceta.
Eventualmente lo que más nos preocupó no era quién escribía para nosotros sino quién nos leía, porque los patrocinios no siempre cubrían lo necesario. Hubo broncas espantosas para pagar el tiraje de la gaceta lo cual nos orilló a nosotros, escritores exquisitos, a tener que venderla en las rutas, en las universidades, en los cafés, entre los familiares, a los vecinos, a los amigos, en fin, a quien se dejara. En el peor momento de la crisis económica llegamos a considerar la idea de malbaratar nuestra virginidad y ser 'subsidiados' por un partido político, pero como eso hubiera significado el fin de nuestra autonomía preferimos mejor pobres pero honrados.
éramos una gaceta dinámica y ambiciosa: mil ejemplares mensuales para ser distribuidos a lo largo y ancho del Estado. Nuestra prematura muerte, sin embargo, dejó a la deriva planes más ambiciosos como llevarla a la televisión y construir un portal en internet (lagaceta.com o algo así). Las vicisitudes del capital (o más bien la falta de él).
Se buscan talentos para iniciar una publicación radical e irreverente. No sueldo. No seguro médico. No promesa de grandeza. Sólo trabajo duro, riesgos, noches en vela, discusiones bizantinas alrededor de una taza de café y la paz de la conciencia. Interesados pueden contactarme por este medio.