Un más o menos imparcial review de la ciclopista.
El ciclismo se ha puesto de moda últimamente, aunque no necesariamente por las razones correctas. Todos recordamos las declaraciones ridículas de Fidel Castro a principios de los '90, de que Cuba estaba a la par de los países desarrollados (como aquellos de la región del Benelux) porque usaría muchas más bicicletas que vehículos motorizados... olvidando mencionar que, de todos modos, la escasez generalizada de petróleo y gasolinas no permitiría otra solución. La más reciente apuesta fue por el gobierno de 'Marchelo' Ebrard de que oficiales de su gobierno tendrían que llegar a sus trabajos en bicicleta el primer lunes de cada mes, al menos. Declaraciones que alzaron las cejas de muchos que, atinadamente, no querían arriesgar sus vidas en el tráfico imposible de México.
Pero la suspicacia y justificada desconfianza no deben ser suficientes para impedir que otros quieran practicar este deporte, así que aquí viene un más o menos imparcial review de una ruta ad hoc: la Ciclopista de Tlalpan.
Los pros:
Los Contras:
La historia se desenvuelve así: iniciamos a la altura del Estadio Azteca, para buscar llegar a la ciclopista a la altura de San Jerónimo. De hecho, tomamos la ciclopista por ahí entre Rómulo O'Farril y Avenida Toluca, en la delegación Álvaro Obregón, cosa que nos tomó como hora y media, para sortear el tráfico de la ciudad (Avenida Universidad, Metro Copilco, Eje 10, etc.). Enfatizo este punto, porque aunque más o menos cerca de ella, al menos geográficamente, el usuario promedio tendría que buscar transportar las bicicletas en un vehículo hasta llegar a la ciclopista. Esto podría explicar, al menos en parte, por qué no muchos ciclistas se ven en ella, salvo quienes viven en la zona. No necesito describir cuán inconsciente es el conductor para con los ciclistas: se te cierran para impedir el paso en los cruces, pasan a milímetros de ti, intimidan, en fin.
Una vez en la vía, no obstante, es grato poder transitar sin obstáculos. Como mencionamos antes, el trayecto hacia el Ajusco es una pendiente constante. Todo de subida cuando menos por unos 30 kilómetros, hasta llegar a la Cima. Unas muy lentas 4 horas de pedalear, desde Álvaro Obregón.
Lo triste de este caso es que una vez que se llega a la cima, es realmente muy poco el tiempo que se tiene de cuesta, pues tan sólo unos minutos después se llega al fin de la pista, marcada por dos bloques de concreto y un camino lleno de piedras por delante. Bienvenidos a Fierro del Toro. Se ha dicho que en este lugar han ocurrido muchos secuestros. Nosotros decidimos hacer este trayecto un jueves, pensando en que el lugar sería menos popular que durante los fines de semana. Nuestra muy personal recomendación es llegar a la Ciclopista por la carretera del Ajusco, y de ahí llegar a Ciudad de México... casi todo el camino de bajada. Comiendo distancias con un pedaleo suave y con la gravedad a favor.
Pero la cuesta trae sus recompensas: la vista de la ciudad sería inmejorable si la contaminación no fuera tan presente. En partes donde uno anda prácticamente en las laderas del monte, la belleza majestuosa de las barrancas es un plus. El aire limpio, con olor a pino y oyendo a las aves trinar.
Nos parece muy positivo el hecho de contar con vías como ésta para el esparcimiento. El costo debe ser mínimo comparado con tender kilómetros de vías para automóviles: una capa simple de concreto basta en comparación con la elaborada y costosa carpeta asfáltica. Debido que las bicicletas no pesan gran cosa, el desgaste que sufre la vía se debe, principalmente a la erosión del agua.
Sería realmente muy positivo contar con vías a lo largo de toda la ciudad. No solamente en el poniente. Llegar de un lado a otro de la ciudad en bicicleta sin tener que exponer la vida es algo que merece la pena ser posible, ¿por qué no?
Tiempo estimado: 4-6 horas