Orlock es un ser atormentado. Vive en la línea que divide la cordura de la locura. Orlock no duerme. Fermenta ideas en mi cerebro. Orlock es un sujeto cuyo humor es demasiado ácido para mí. Orlock se encuentra alojado en la región más recóndita de mi subconsciente (quizá sea el subconsciente mismo) y de repente amenaza con conquistar lo que queda de mi descorazonada existencia. Orlock es una película en la que no puedo seguir la secuencia entre un cuadro y otro. Orlock es un ser ermitaño que no descansa. Orlock soy yo a las 3 de la madrugada de un día cualquiera inmerso en loquesea que esté haciendo. Muy tarde en el día o muy temprano en la madrugada Orlock es la encarnación misma del paranoide. Orlock desconfía de todos, hasta de mí mismo.
Orlock es un vampiro que no chupa sangre; un noctámbulo que duerme a deshoras; un asceta que vive de la contemplación; un demonio que no descansa nunca. Orlock es un fetiche.
Orlock merece ser presentado en sociedad.