diciembre.2006:
Sigo sin encontrar un calificativo a esta excentricidad. ¿Es ciclismo de ruta? No. ¿Es ciclo-turismo? Sí y no. ¿Es ciclismo urbano? Decididamente. Y esta sección es un homenaje al ciclismo en la Metrópolis.
El DF es una ciudad que fascina y atemoriza al mismo tiempo. ¿Quieres saber el significado de la soledad? Ve al metro de la Ciudad de México, en horas pico. Si te consuela imagínate a algún desconocido apuñalándote por tu billetera y al resto de la gente desviando la mirada. Por otro lado es un microcosmos tan estimulante como diverso, muy del estilo de Cristina Pacheco. Pero además es enorme... es imposiblemente enorme.
Así que, una ruta por el DF necesariamente tiene que ser limitada en su extensión. Con un promedio de 3 a 4 horas por salida para este noctámbulo escritor, la opción más representativa era el eje Insurgentes-Reforma.
Para empezar, el transporte. Llevar las bicicletas de un lado a otro es una tarea algo complicada. Por una lana se puede pedir a los maleteros que te den chance de subir las bicicletas envueltas con cartón en el autobús, para evitar rayaduras. Opción que no requiere de desarmarlas y empacarlas. Pero siendo medio testarudo prefierí empacar una bicicleta vieja (caso de que el viaje resultara un poco más peligroso de lo planeado).
Boletos de autobús Cuernavaca-DF - 60 pesos
Lana para el maletero - 15 pesos
Taxi de la parada al refugio - 20 pesos
Que pares a un Tsuru para que al final la bici quepa en un vochito...
no tiene madre.
La salida se programó para las 2:00 de la mañana. Antes de esa hora es todavía demasiado temprano, y hay muchos automóviles ocupando las calles. La salida era a la altura de la Avenida del Imán, cerca del Gran Sur, por lo que la ruta incluiría salir a Insurgentes hasta llegar a Reforma, para de ahí tomar con dirección al ángel de la Independencia y luego en dirección a Bellas Artes. Dependiendo del tiempo, por supuesto, se exploró la posibilidad de llegar al Zócalo capitalino, pero las limitaciones del tiempo hicieron imposible que así ocurriera. El plan era llegar alrededor de las cinco de la mañana. Los vampiros deben retirarse antes de que la ciudad despierte.
El DF a la altura de Tlalpan involucra una subida ligera, pero constante, con rumbo a Reforma. Las calles son bastante amplias, y la ciudad efectivamente se detiene, salvo por el ocasional automóvil. Siendo diciembre la noche es fría, y el viento aumenta la miseria de quien vaya sin suéter, pero cualquier rompevientos ligero es suficiente en las tempranas horas de la madrugada. Debido a que es fresco se suda muy poco por lo que no es preciso llevar mucha agua. Un litro debe ser suficiente (y creo, incluso, que es mucho).
Insurgentes es otro cantar. Es prácticamente una recta, pero está mucho más concurrida. A esa hora hay transeúntes (cuando me pregunté qué carambas hacían caminando a esa hora, pasó por mi mente que ellos dirían lo mismo de mí, en bicicleta... qué locos estamos), y debido a las reparaciones en la calle por el metrobús, había bastantes trabajadores a todo lo largo de Insurgentes-Sur. Los automóviles empiezan a ser bastante numerosos, pero, por fortuna, las banquetas son amplísimas a lo largo de la avenida, con rampas entre cuadra y cuadra, por lo que no había problema de ser atropellado por un ebrio.
Una vez en Reforma todo es belleza: es completamente plano, amplio, hay mucha vigilancia, es la zona 'nice' y tiene muchas cosas que fotografiar. Sabiendo que lo más difícil había pasado decidimos comernos dos barritas multrigano (15 pesos) en el monumento de Tetlepanquetzal. Luego enfilamos con rumbo a la glorieta del ángel. La vigilancia es mucho más marcada a la altura de la embajada gringa. En doscientos metros había 10 agentes en la banqueta y tres patrullas. Es mentira que estén dormidos, pues conversaban alegremente y rondaban la zona. Eran las 3:30 de la mañana.
Luego decidimos ir con rumbo a Bellas Artes. El Hemiciclo fue una parada obligada. Por desgracia a estas alturas el tiempo apremiaba bastante y el Zócalo estaba fuera de nuestro alcance. Pero las fotos hasta el momento bien valían la pena. Decidimos regresar a Monumento a la Revolución para tomar la misma ruta de regreso. Una visita rápida a la tumba de Madero y a la que dicen es de Villa (que según Taibo II es una completa desconocida a quien tienen enterrada ahí). Nadie se apresuró a ver la de Carranza. Hora del regreso. Nadie quería tener que buscar atajos al fragor del combate.
El regreso fue más bien aburrido. La prisa obligaba a mirar lo menos y a pedalear lo más. El cansancio natural era evidente y el frío de las 4 ya empezaba a dejarse sentir. Para cuando llegamos a la UNAM ya había muchos automóviles en la ciudad. Tomamos el campus de Ciudad Universitaria y el viaje finalizó a las 5:30 de la mañana, más o menos. Justo a tiempo.
Considero la experiencia bastante saludable. Una salida próxima considerará, por fuerza, Centro Histórico. Pero la invitación está abierta a sugerencias.
La gélida noche y el viento demanda que se lleven unos goggles para evitar que los ojos se enrojezcan demasiado. Y siempre ayuda una bufanda para evitar inhalar aire muy frío. Guantes para las manos también es bueno llevarlos, pues el frío hace que duelan los nudillos después de un rato.
Ciclismo en Ciudad Neza...! (ja, ja, ja... a las 3 de la mañana, sí, claro).